Guerra de independencia
Durante este movimiento de 1810, la población oprimida de Amanalco se sumó a la insurrección, poniéndose a las órdenes de los parientes de Miguel Hidalgo, quienes combatieron el 14 de marzo de 1811, en el pueblo de San Mateo Amanalco, al realista Juan Bautista de la Torre. Atendía la Parroquia de San Jerónimo el cura realista Diego Antonio Parrodi. Por otra parte Lucas Alamán señala, la participación de los habitantes de Amanalco, Malacatepec y otros pueblos en la Guerra de Independencia. Paralelamente en 1810, los habitantes de Amanalco reclamaron el fundo legal de su pueblo, del cual se había apoderado los hacendados de la Gavia.
Erección municipal
Aunque no existe precisión sobre la fecha en que Amanalco fue erigido municipio, el hecho se considera que ocurrió el primero de enero de 1826 y confirmado el día 27 de ese mismo mes y año. A la fecha su presidenta municipal es C. Emma Colin Guadarrama (2019-2021).
Pronunciación de Amanalco a favor del Plan de Ayutla
En 1854, Amanalco se pronunció a favor del Plan de Ayutla, encabezando a los vecinos el Presbítero José María Becerra Mancilla, quien permaneció en este pueblo por más de 20 años, por lo que el 10 de septiembre de 1875, la V Legislatura local, otorgó a la cabecera, la categoría de Villa, agregándole el vocablo Becerra, en honor a su protector, el bachiller José María Becerra.
Villa de Amanalco de becerra
El 31 de agosto de 1875 el diputado Inocente García por el Distrito de la Villa del Valle, presentó una iniciativa para que el Congreso del Estado de México decretara lo siguiente: Artículo único: el pueblo de Amanalco, Cabecera de la Municipalidad de su nombre, perteneciente al Distrito de Villa del Valle se denominara en lo sucesivo “Villa de Amanalco de Becerra”. Lo tendrá entendido el Gobernador del Estado. Dado en Toluca el 10 de septiembre de 1875.
El porfiriato
Durante todo este período los habitantes de Amanalco, principalmente la campesina, sufrieron la injusticia social y la marginación, ya que las tierras que les pertenecieron, la explotaban los hacendados de la Gavia. Los campesinos se desempeñaban como peones de la mencionada hacienda, trabajando de sol a sol y con salarios injustos.
Revolución mexicana
Mientras que las fuerzas zapatistas, convencionistas y carrancistas entraban y salían del pueblo de Amanalco, el cura Trinidad Hernández Leal era conductor y mediador de las exigencias. La falta de control militar por parte del gobierno estatal en los municipios de la entidad, ayudó a que dichas fuerzas asolaran las poblaciones que asaltaban. En varias ocasiones el Presbítero Hernández iba a ser ahorcado, por la imposibilidad de no poder cubrir las exigencias de dichos vándalos.
El 24 de marzo de 1916, la cabecera municipal y otras comunidades de Amanalco fueron incendiadas durante el período revolucionario por las huestes zapatistas, al mando del coronel Carmen Esquivel, quien aprovechando la revuelta, se dedicó con su gente al robo y saqueo, asesinando a su habitantes que se desenvolvían pacíficamente en su diario acontecer. Durante los años de 1916 a 1918, el municipio de Amanalco careció de habitantes y autoridades, a pesar de estar designadas. A mediados del siglo XIX, Amanalco empezó a recuperarse de la hecatombe revolucionaria.
El Presbítero Ciriaco Julián Trinidad Hernández Leal nació en San Juan del Río, Querétaro, el 17 de junio de 1857, fue hijo de Marcelino Hernández y María Paula Leal del mismo lugar. Recibió el Presbiterado de manos del Señor Obispo de Tabasco, Perfecto Amézquita el 21 de junio de 1821 en el Sagrario Metropolitano. Fue párroco de Amanalco de 1904 a 1916. También de Otzoloapan, Valle de Bravo, San Antonio de las Huertas y Tlalnepantla (hoy catedral), donde falleció el 29 de noviembre de 1932. El etnólogo Alfonso Fabila lo describe como cura liberal, activo y generoso, impulsor del progreso del pueblo y daba ejemplo del trabajo.
La cristiada
Los templos y la parroquia de Amanalco fueron cerradas durante los años de 1926 a 1927. En este último año llegaron los cristeros al municipio al mando de Federico Fabila, quienes tomaron preso al jefe de armas Don Levi Mondragón, fusilado después de que éste entregara el material bélico que poseía en resguardo.
Incendio
del templo parroquial
Esto ocurrió en el mes de abril de 1940, cuando una devota de San Antonio Abad depositó una veladora encendida, con el fin de encontrar un cerdo que se le había perdido, ocasionando, que la veladora incendiara algunas telas, provocando el incendio en el altar y óleos de incalculable valor, entre ellos, el lienzo del Santo Patrón San Jerónimo. El párroco que sufrió las consecuencias del devastado templo, fue el Presbítero José María Vargas.
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